Un poema rápido.

Un poema rápido
es como un baile desnudo,
dos cuerpos se juntan
y tres palabras hacen un verso.

Un poema rápido
te abraza a su desnudez.
Te provoca acercarte
y en tres o cuatro palabras
te prende fuego.

Un poema rápido
dejó de ser un poema,
porque quería caer del cielo a la tierra
y casualmente
solo casualmente
llegó al infierno de tus ojos.

Un poema rápido
no te deja dormir en paz.
Decide cuándo nacer,
decide quién lo escribe,
patea las luces,
come chocolate.
Pero antes de cantar,
decide cuándo morir.

Un poema rápido
carece de esquema.
Se deja llevar,
no tiene coherencia,
pierde el sentido,
enamora,
se deja besar
y te mira escribir.
Una vigilancia romántica
casi azul,
casi azul.

Un poema rápido
es un poema lento,
que va creciendo,
va creciendo.
Pero,
sin darse cuenta,
casi azul
y sin aviso
y sin canción
y sin baile
y sin ropa
y sin beso
y sin esquema
y sin vida,
muere.