Un beso más

Se peinan tus cabellos una vez más con la intrusión de mi mano. Caemos en el juego infinito de las miradas y evito el pestañeo, o pestañeo a mil por hora, para no perderme ni un instante del espectáculo de tu sonrisa. Te pierdes en la suavidad de un colchón y yo, en la de tu piel. Y desvías la mirada solo para que no me ahogue en lo profundo de tu deseo. Pero salvarme no puedes, porque estamos condenados a olvidar los tiempos, los lugares y los cuervos.

Se despeinan tus cabellos una vez más con la intrusión de mi desesperación y te tomo porque me sientes tuyo y porque han pasado años desde que perdí la autonomía de mi sentir. Un magnetismo que solo tú controlas atrae mi frente contra la tuya y sentimos un choque suave que ata nuestras miradas al infierno de la pasión. Y tu piel se hace inevitable y me enredas al amor y mis labios, que no controlo, deciden volver a caer en lo oscuro de lo incierto, en la magia de un beso. Me obsesionas con tu saliva, que nunca fue tan dulce, y por inexperiencia propia, o buena suerte, siento la delicadeza de tus dientes, que mastican mi alma hasta volverla comida tuya. Nos dejamos sin aliento pero sin miedo a la muerte ni a los cuervos, pues qué bello sería morir en un momento tan imposible que me hace dudar sobre la ubicación del paraíso metafísico. Abrimos los ojos para salir del mar y respirar como si diéramos el primer llanto de la vida y me desvanezco en un abrazo, que es una promesa de unión eterna o de un beso más.

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