A las tres.

Llegas a casa
y el polvo sigue ahí.
Ha crecido todo,
pero la ventana sigue abierta
por si quieres volver.

El techo sigue igual,
el concreto que raspa suave
y la arena de construcción que no construyó paredes,
pero sí sonrisas.

El libro de Cortázar que estaba nuevo,
eso sí envejeció y está bien,
está bien que el tiempo maltrate;
te recuerde que estás vivo.
Eso está bien,
está bien leer a Cortázar,
el libro viejo, bien.

Yo estoy en ese territorio sagrado de los dos,
y todo está fuera de sitio,
pero la puerta abierta y la ventana abierta
por si quieres volver.

A las tres
me moveré a la derecha
porque sé que vuelves.
Y arrópate conmigo,
aunque el tacto sea de los que envejecen
y las lágrimas de los que leen,
mi alma sigue abierta
por si quieres volver.

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