La vida de alguien más

Despiertas

y estás sumergido en un gran océano que te anima a seguir nadando hacia donde no importa la luz ni los sueños. Y, como estás despierto, sigues, con movimientos livianos de pies, cara y brazos, como librándote de las redes de una pesadilla que dejaste atrás. Nadas, escuchas, respiras, sigues nadando. Abandonas la efímera esperanza de la compañía hasta que una mujer, que desciende con tu mirada, se asoma para verte luchar contra el mar que tú mismo elegiste. Nadas y observas su cuerpo solo para quedar embelesado, deseando cada minuto de la piel ajena.

La mujer te mira y te sonríe, esperando que te duermas. ¡Aguanta tus impulsos! Pero es muy tarde, dejas de nadar y luchar y la abrazas para adueñarte del cuerpo de aquello que en algún momento fue bello. Un grito desgarrador te obliga a seguir nadando, pero ya no puedes porque estás atado a una bestia que te arrastra contra el agua. Y mientras destroza toda la ternura que en algún momento tuvo, empieza a contar tu historia, toda tu vida, de memoria. El cuento más horrible, un soneto sin rima, tú. Tú, que dejaste de nadar en búsqueda de lo bello y te encontraste con la oscuridad y con tu realidad. Tú que lloras al saber ahora cómo morirás, ahora que estás atado a tu peor decisión. Ahora que eres parte del océano,

duermes…
Y empieza la pesadilla.