Despierto

-Ven, te contaré un sueño:

El color del cielo me insinuaba que era noviembre. Si me preguntas el día preciso, me atrevería a decir que fue un seis. Ahí estoy yo, mirando muy de cerca a una bella mujer. Estábamos rodeados de paredes azules y oscuridad cómoda. No sabía por qué, pero mi respiración se aceleraba con los segundos, me costaba actuar, estaba congelado encima de esta curiosa persona. No conocía sus intenciones, pero me atreví a levantar mi mano derecha para recorrer todos los cabellos que pude. No hubo reacción negativa, su mirada estaba perdida entre una almohada y mis temores. Nada especial estaba ocurriendo, pero yo sentía que ese momento es de aquellos que uno atesora para siempre. Noto el suave movimiento de su cabeza y ahora sus ojos están clavados en los míos, el cruce es tan inevitable como el primer beso. No quiero saber cómo llegué aquí, estoy feliz por sentir que se están llenando los vacíos de mi alma, es una sensación llena de colores y armonía. Vuelvo en mí, pero no sé lo que estoy haciendo. Me ofrezco a acompañar a la dama hasta su hogar, ella acepta sin dudarlo. Nos encerramos en un gran bus y nos sentamos sin cruzar palabras. Las carreteras se vuelven amistosas y todas las canciones que conozco hacen cola en mi cerebro para ser escuchadas. Sigo perdido en un beso lleno de amor. Lleno de verdad y eternidad. De rato en rato, volteamos a vernos, sonreímos y seguimos disfrutando del camino. De pronto, indico a la dama que es hora de abandonar el bus como si fuera nuestra rutina. Ella está de acuerdo y salimos a caminar. Sincronizamos pasos, prestamos atención a cada detalle que nos rodea, todo está en su lugar y eso nos encanta. Nos encanta que estemos cada uno en el lugar que merecemos. Cruzamos pistas sin cuidado, ignoramos a los extraños y solo nos distraemos para mirar a los perros que se cruzan de vez en cuando. En una de las tantas esquinas, mi acompañante me indica que debo detenerme y mi corazón se acelera. Yo no entiendo nada, pero sé que todo está bien. Ella me abraza, me da un beso rápido y me dice que está lista. Me acepta. Mi confusión empieza a disiparse y me lleno de entusiasmo.

– ¿Qué pasa después?
– No lo sé. Pero ahora que estoy despierto, creo que nada de eso importa.
– ¿Por qué?
– Porque al final de toda esta magia, de toda la alegría que sentí, sigo solo. He regresado al momento previo del sueño, nada ha cambiado. Bueno, algo ha cambiado… Ahora sé cómo se siente la felicidad, sé cómo se siente no tenerla. Es una pena, pero al final, lo bello es un sueño. Todo sueño es efímero.
– ¿Moriremos solos?
– Quizás, quizás…

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