El final insólito de la primera lucha del mes

No eres el poema que escribí ayer y tampoco eres la tarde de hoy.
No eres el perfume de mi almohada y no eres la canción que está sonando.
Tal vez eres el agua cristalina que acaricia mis mejillas al despertar.
No eres la cuerda que se rompió en mi guitarra y no deseo que seas nada de aquí.

No eres la piel que me envuelve y no eres la luz que se quemó en mi sala de lectura.
Pero eres la pintura que se desgarra con el pasar de los segundos y, sin embargo,
no eres la sombra que dibujan las persianas al caer el amanecer.
No eres el hoyo en mi zapato; definitivamente no eres el despertador de los martes.

Aunque eres el recuerdo de los últimos rayos de sol que broncearon mis enojos,
no eres el espacio que da forma a mis sueños. Es decir,
no eres el motivo por el que me alejo del descanso y por el que sufro cuando
no eres tú quien hace brillar mis ojos con sus abrazos.

No eres la primera voz de los vientos del norte.
No eres la sal que da peso a mis lágrimas.
No eres todo lo que necesito para vivir y por desgracia
eres todo lo que me ataba a este lugar.

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