Odio

Carece de un cuerpo real.

En el día, funciona como un manto negro que no te permite ver el color del sol. Te condena a escuchar el sonido de un llanto melancólico en cada romper de las olas y te infecta los labios con palabras amargas, sin deseos de conocer nada que trascienda la soledad.

Al atardecer, te obliga a implorar la oscuridad total. Toma posesión de tus dedos y tus brazos y los conduce lentamente a tu cabeza, donde aprieta con la fuerza de Hércules o de Poseidón y presiona; presiona con la ira de los mil demonios hasta que empieza a dar tirones cada vez más veloces mientras no llega la luna para calmar todas esas sensaciones incontenibles.

Cuando llega la noche, deja todo tu cuerpo en paz y se abre paso hasta el corazón. Una vez allí, se encarga de jugar con tus latidos. A veces vives, a veces mueres. Cuando vives, es agotador el respirar y te sientes desvanecer en el piso de la intimidad de tu habitación o en el parque Kennedy, a la mirada triste de un centenar de gatos que no logran comprender el bicho raro en que te has convertido. No obstante, cuando mueres, encuentras paz en el desaparecer de tu alma y sientes como una fuerza indescriptible te obliga a cerrar los ojos hasta que abandonas toda esperanza de volver al estado de desconocimiento del que gozaste alguna vez, cuando fuiste un tonto niño pequeño. Y sientes cómo el final llega por fin a tu miserable vida, pero aún no. Aún no mereces ser comida de gusanos y vuelves a la vida despreciable, a la luz de las estrellas que brillan de la risa que provoca tu humanidad en el espacio infinito.

Carece de un cuerpo real, pero ha decidido habitar en el tuyo el día de hoy. Quizá mañana también te visite, quizá le guste el sabor de tu piel.

Nada grave

No hay forma de aliviar el peso de la muerte.
Trepa por mis brazos y me viste con camisón de paciente.
Con paciencia, esperamos la muerte
en una camilla que nos pertenece
hasta que el corazón deja de latir.

Mis amigos no me extrañarán,
mi familia no me enterrará
y mis amores nunca sabrán
que mi alma dura ha cedido ante sus dioses
o sus demonios (interiores).

No se lloran más lágrimas en este cuerpo.
Se lloran más lágrimas en esta vida.
Lloran más lágrimas quienes jamás me extrañarán.
Más lágrimas me buscan en mi pesadilla.
Lágrimas me verán rendido entre las pastillas.