A la chica con la que soñé la otra vez

¿Cuánto tiempo llevamos sin vernos? A veces me pregunto hacia dónde te fuiste, pero luego pienso que tal vez sea mejor así. Te imagino paseando por aquí y por allá, con un vestido más azul que turquesa, sonriendo o leyendo un libro que a mí también me gustó mucho. Es curioso estar sentado aquí y soñar que te persigo, que no te digo nunca que te quiero porque ambos sabemos que te quiero, pero que hay tanto por decir que no puedo caer en redundancias. Esas son -siempre serán- tonterías mías. Alguna vez, sin embargo, pude decirte que te quería y no había nada más que decir, pero no lo dije porque no sabía que te quería más de lo que te quiero. Tonterías, insisto, que ahora me amarran a la noche, esperando a la hora de dormir para rebuscar entre los pensamientos aquel sueño que me permite respirar con un poco más de soltura. Ambos sabemos que soy una colección de errores que brillan con intensidad sobre una repisa de madera podrida. Me hubiera gustado pedirte ayuda cuando pude hacerlo, pero no lo hice y me limité a mentirte lo “bien” que estaba en mis peores días y hoy que estoy peor que ayer (y así sucesivamente), me entristece no haber ordenado mi cabeza y enseñarte lo que soy en realidad, aunque algunas veces exploté y te dije cosas de las que me arrepiento y que solo ayudaron a destruir mi ya patética imagen.

Me gustaría que sepas que me refiero a ti, pero sé que difícilmente leerás estas palabras y aún más difícilmente sabrás que son para ti. Soy un bicho inexistente últimamente y sé que nunca te demostré si quiera una pizca de lo que siento hoy. Te reirías de mí al solo saber que me estoy enamorando lentamente de alguien que habla poco o nada conmigo, pero yo no he inventado este sentimiento y es difícil para mí expresar cariño. Estoy confundido sobre lo que significa el amor y ya no lo busco como alguna vez lo entendí. Siento un vacío y es todo lo que sé. De todas las personas que conozco, solo una puede hacerme olvidarlo y es todo lo que sé. Esto lo sé muy bien, pues las pocas veces que hablamos me distrajeron de todo lo que soy, calentaron de una extraña manera mis siempre frías manos y me hicieron sonreír aún cuando estaba solitario mi alrededor. Pesan mucho mis fracasos y mi presente, pero al hablarte te juro que se me olvida y te puedo decir que estoy muy bien, puedo intentar hacerte reír, hablarte de la música y de todo aquello que representa lo mejor de mí.

Son pocas las cosas que he dicho, pero he tardado mucho en escribirlo y siento que debo hacerlo. Hace mucho que no leía y releía tanto lo que escribo y aún siento que todo está mal dicho. Cosas como “quiero tomarte de la mano”, “maldigo la noche en la que te tuve frente a mí y no te vi”, “me odio porque no te busqué” entre otras han sido eliminadas porque no las puedo hacer fluir sin soltar después algo que no quiero decir. Algo que me hará quedar como el peor de los idiotas, aunque así sea como me siento la mayor parte del tiempo. Me invade un sentimiento de rabia, cólera, ira, nostalgia y satisfacción mientras escribo todo esto. Estoy muy enojado porque no pude ser sincero contigo ni con nadie jamás, porque no fui lo suficientemente valiente para decirte lo que siento aunque tú ya no sintieras lo mismo, para así dejar de torturarme todos los días pensando en todo lo que jamás hago. Te extraño como se extraña algo que se tuvo y se perdió, aunque parezca que nunca fuimos tan cercanos. Pero, sobre todo esto y por alguna extraña razón, me alegra nunca haber sido sincero contigo. Nunca haber firmado estas palabras con tu nombre. Nunca haber dicho que cierta canción me hace pensar en ti, en lo que nunca fuimos y probablemente nunca seremos. Me alegra que no sepas lo que siento porque así puedes vivir tranquila. Odio ser una carga para aquellos que me rodean y odio inundar el ambiente con mi verdadero yo, por eso siempre trato de ocultarlo aunque a veces sea muy difícil. Sin embargo, para ti nunca fui un problema. Nunca significaré nada para ti y probablemente hoy ya ni siquiera recuerdes que alguna vez me divertí hablando de nada contigo hasta que la madrugada castigó nuestro ya arruinado ciclo del sueño. Incluso sonrío al escribir que me encantaría desaparecer para siempre de tu vida, mientras yo me quedo con esta imagen tuya que me permite soñarte. Imaginarte en las historias románticas que leo en algunos libros y que mi mente dibuja tontamente con el cruce de tu mirada y la mía.

Siempre agradeceré haberte conocido, aunque me vayas a quitar el sueño por un tiempo más y me hagas escribir estas cosas que ya no me salen tan bien como antes. Cometo en este instante el error de decirte que te quiero, aunque no temo hacerlo porque sé que son palabras destinadas a perderse en una de las tantas nubes que tu paso ya ha de haber dejado atrás. Cierro entonces la puerta de mi habitación, porque sé que nuestras vidas siguen, aunque ya no sepa mucho de la tuya y acepto casi entre lágrimas olvidarte como parte de mi condena inevitable.

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